Hubo un tiempo en que el hombre suplicaba ser comprendido.
Bajaba la voz, se afeitaba las aristas,
apagaba una parte de sí para no hacer sombra a nadie.
Cedía, callaba, se empequeñecía.
Se convertía en un reflejo amortiguado
para encajar en corazones que no sabían acogerlo.
Pero ese tiempo ya no respira.
Ahora el hombre se ha aprendido a sí mismo,
y ese conocim…



